Brujas

Amarré a Ventisca por la empuñadora, miré los ojos de aquella bestia a la que una vez llamé hijo, y en un alarde de humanidad, se dejó morir ante mi filo. 

Acuné su cuerpo y acaricié su rostro como cuando era niño. Después del entierro, escondí mi cara de la Inquisición, y caminando sola buscando un refugio, lloré por mis hijos, por mis hermanas... Por el fin de la magia.

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