Monstruos adultos

Podía escuchar el silencio por el pitido molesto de sus oídos.

Esta noche sí, hoy era noche de brujas. Cuando el rielar de la luna alumbró su aterrada cara, comprendió que la infancia venía a atacarla sin miramientos, consiguiendo convertir la silla de la ropa en no solo una silla, y la puerta del armario en una amenaza incipiente. 

Empezaba todo a complicarse, pues hacía tiempo que despidió a su osito guerrillero, y la lámpara que todo lo vencía, se había estropeado hacía siglos. Estaba desprotegida ante el terror que recorría cada extremo de su cuerpo. 

Sí, no había duda, esta vez había metido la pata del todo, porque en vez de vencer al monstruo de debajo de la cama, le había invitado a compartirla con ella, desnuda, fingiendo que en realidad solo tenía deseo y que lo que sentía no era nada que atender.

Porque sí, estaba segurísima de que había metido la pata hasta el fondo, y sin saber qué hacer ni qué decir, se torturo toda la noche diciendo que era imposible, que ya lo habían hablado, y que ese sentimiento no era recíproco... En fin, todo el mundo sabe que "los monstruos" solo trabajan por las noches, y después, desaparecen en el alba.

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