Fallecidas

La blanca nieve del epíteto,
la herida profunda de estas líneas,
la personificación del viento que me acuna,
la noche oscura de la anáfora.

Ante la ausencia del cascabel,
dándome cuenta de la anterior rima,
me dirijo a la muerte con apóstrofe:
"¿Por qué existe la retórica de la vida?"

Se para el mundo con su repetida ausencia,
viene el hipérbole adecuado,
y con la metáfora de sus ojos azulados,
me doy cuenta de que no está a mi lado.

No es corto el duelo,
pregúntaselo a la metonimia
que llora, rasga, muerde,
en el absoluto asíndeton melancólico.

He vuelto a soñar con ella,
en novedad hay ausencia de figura...
porque no se necesita retórica para más poema,
porque es poesía reencontrarte con las personas fallecidas.

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