Capítulo 3: Clack

Helia observaba indecisa la puerta de envejecida madera. Su mano temblaba a causa del miedo, pero venciendo a sus temores metió la llave girándola cuatro veces hacia la derecha hasta que oyó el clack del pestillo liberado. Agarró el picaporte y decidida se dispuso a entrar.

Todavía recuerda con nitidez lo que ocurrió aquella noche con la muñeca de pelo trenzado, y aunque minutos después del susto despertó en su cama sabía que lo que había ocurrido no era una ilusión. Desde que era niña nuestra joven padecía de parálisis del sueño, y a pesar de que al principio achacó la experiencia a este trastorno pronto tuvo que salir de su error: todas las noches oía el llanto de varios niños encerrados en el trastero.

No se pensó demasiado eso de ir a comisaría cuando se repitió este fenómeno varias noches seguidas. Tenía que poner remedio a todo lo que estaba ocurriendo y no iba a irse de esa casa tan fácilmente. Ahora que le iba bien las cosas y estaba comenzando una vida que siempre había soñado no quería dejarse llevar por el miedo, al fin y al cabo ella siempre había sido atea. Después de formalismos varios y hacer un tanto la pelota, consiguió la llave que tanto ansiaba del antiguo amigo de su abuela. 

Al entrar en la estancia un olor a incienso atacó sus fosas nasales. Todo estaba en penumbras y prácticamente no se veía nada, menos mal que era de día y a través de las rendijas de las persianas se colaba algo de luz. Puso un tope en la puerta porque había tenido varias pesadillas donde no paraba de imaginarse a ella encerrada en este horrible cuarto, no iba a cometer ese error estando despierta. 

Después de subir las persianas y respirar profundamente, echó un vistazo a su alrededor. La sala estaba llena de muñecas de porcelana. Estanterías, mesas, sillas... Todo hueco donde se pudiera apoyar una de esas figuras poseía una muñeca. Por más que buscase la efigie de la niña del pelo trenzado que vio hace unos días no la halló en la estancia, lo que si había era los restos de una muñeca rota esparcidos por el suelo, seguramente el crash que oyó aquella fatídica noche se debió a ella.

Se acercó lentamente hacia los trozos de porcelana de la figura rota. En uno de los fragmentos encontró escrita la palabra Lucía. Sin comprender demasiado lo que estaba ocurriendo anotó mentalmente el nombre con el que se había topado.

 -Lucía -susurró la joven a la nada para intentar memorizarlo mejor.

Un frío estremecedor recorrió todo su cuerpo. Una mano invisible se apoyó lentamente en uno de sus hombros. Atemorizada, sintiendo el peso de aquellos dedos, se quedó quieta entre los restos de aquella muñeca, estaba segura de que algo la estaba intentando hablar. Agudizando el oído escuchó la voz dulce de una chica que susurraba a su oído una y otra vez "Lo siento"

Helia corrió hacia la calle encontrándose con un joven que fingía fumar.


💙💙💙💙💙💙

Comentarios

  1. ¡Hola viajera!
    Te acabo de nominar a realizar el BookTag 11 Cosas.
    Ojalá lo puedas realizar, me encantaría leer tus respuestas.

    Link: 11 Cosas | BookTag 5

    ¡Abrazos!

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