Invisible cicatriz

Tú eres aquella cicatriz invisible que todavía forma parte de mi piel; aquella herida que se observa sólo cuando cierras los ojos; ese dolor que parece curado pero que todavía quema.

¿Cómo estás?

Todo era distinto pero a la vez seguía siendo igual. Sentada en la cama como hace años escucho esa canción que tú me descubriste, y absorta en los vagos recuerdos del ayer, no puedo evitar esbozar una sonrisa. Todo lo que me había dolido perderte se materializaba en la ahora extraña curva de mis labios que rebosaban una placentera melancolía.

¿Alguna otra pregunta?

El mundo desde niño siempre me había parecido enorme e infinito, en estos últimos meses he aprendido que sólo es un pequeño pañuelo cuyos puntos de costura están unidos en una gran y confusa red de coincidencias.

¿Te vendrías conmigo a Alemania?

-Vaya este plato está riquísimo, aunque prefiero no saber lo que lleva, ¿quieres?

-No, gracias -respondí rápidamente-. Estos fideos me están sabiendo a gloria.

-¿A qué sabe la gloria? -me preguntó. Nunca supe que contestarla.