Soy invisible

Cuando intento hablar nada suena, no hay música en mi voz.

El mundo de cada uno a veces se detiene, no gira, no se mueve, nada importa. El dolor que antes te parecía novedoso y te daba miedo, lo normalizas, lo haces tu pan de cada día.

Nadie me ve.


He caminado durante mucho tiempo por distintas calles, me he topado con miles de personas que al principio parecían querer formar parte de ese algo que corrompe, pero luego todos ellos huían, desaparecían de mi lado. Estaban vacíos.

Muy pocas personas saben enfrentarse a la locura, ya que uno de los grandes miedos del ser humano, es perder el raciocinio. Lo que no saben la gran parte de los humanos es que nunca lo hemos tenido, que solo poseemos números y la idea de Dios en la cabeza. Eso no es razonar ni tener lógica, pues no cometeríamos delitos tales como el asesinato, no habría violencia, no tendríamos comportamientos ilógicos.
No somos perfectos.

Nadie escucha, solo oyen, no se empapan de la lluvia ni de la tormenta negra que rodea a los demás. Se sumergen en su propio remolino sin saber que en el remolino de su compañero, hallarían la respuesta de su enredo.

A veces, en todo ese dolor que se normaliza salta algo. Todo vuelve a funcionar, como si el mundo ahora girase incluso más deprisa, advirtiéndote, lamentándose de forma dolora de todo ese tiempo perdido, queriéndote empujar a un nuevo camino más duro, difícil, pero más satisfactorio y con mejores resultados. 

Cuando todo deja de detenerse, gira, se mueve, e importa. Cuando la realidad te golpea y despiertas de tu ensueño. Cuando parece que lo que vives día a día deja de estar para ti normalizado...

Nadie escucha, nada suena, no hay música en mi voz... y soy invisible.

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