Invisible

Llueve, llueve a pesar de que el cielo no llora y ni siquiera hay charcos. Me paseo solo, por las calles de una ciudad enorme, y poco a poco me siento pequeño, pesado.

Respiro ese aroma a azufre y a pecado que vive en cada esquina y se desprende de las ventanas de los hogares donde todos fijen ser familias felices. Mis pulmones se llenan de cristales, y cada vez que doy una calada al aire, siento que sangran. Duele.

Duele saber que existe un lugar llamado olvido donde van a parar lo que antes eran seres queridos, duele saber que ella, seria, asustada, nerviosa, se fundió con esa niebla y maraña de rostros desconocidos que deambulaban en ese entonces, por las calles de Madrid. 

Doy otra calada al aire, me sobra oxígeno. Saco mi paquete de cigarros, y temblando en mi propio invierno, soy capaz de respirar el humo que alimenta al azufre y al pecado que siempre me acompaña. Siento como la boca se llena de ese sabor a óxido, de esa sangre negra que juega con mi lengua y envenena mis pensamientos.

¿Recuerdo todavía su rostro?  Poco a poco desconozco.

"Nadie se muere por esto" Me repetían una y otra vez cuando daba mi paseo matutino, "Todo el mundo ha pasado por algo parecido, nada es para siempre, debes entenderlo" Esa gente lo que no sabía es que hay distintas formas de morirse, y yo había elegido la que más abunda, estar muerto en vida.

Sé que nadie merece tanta importancia, sé que es tóxico seguir abrazado a la tristeza, pero ya nada importa, en realidad puede que ni siquiera la causa sea ella, puede que en el fondo algo en mí se haya podrido y no sea capaz de salir a la superficie por si solo.

Tengo unas ganas horribles de llorar y no puedo, estoy cansado, me duele la cabeza, la espalda, el cuello, tengo fiebre y vómitos. La garganta se tapona con un aceite extraño que no tiene procedencia, me tiemblan las manos, mi temperatura corporal cada vez baja más en picado... Ojalá no fuera un pez alejado del agua, ojalá pudiera perderme entre la sal de un mar abierto. 

Allí, paseando, mientras lluevo y soy invierno, me doy como nombre Depresión.

Cierro los ojos, sonrío... Soy invisible.

Para Ismael Fuertes.

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