¿Respuesta?

Se miraron, no se dijeron nada, sus manos se habían encontrado sin querer con las copas, los amigos y la música. Los labios se acariciaron, y de una forma extraordinaria, se lanzaron directos a cometer el error que todos alguna vez hemos cometido. 

El alcohol hizo que se arrancaran la ropa que fue directa a descansar en el suelo. Sus cuerpos se unieron con mordiscos, arañazos y gritos. Nada de caricias, nada de miradas, sin sutilezas... hoy jugaban sólo a quererse y no a estar enamorados. 

Fue injusto el destino, cuando en el momento de la huida, unió más que a los dos cuerpos que hace un momento habían jugado. No hizo falta ninguna mirada para saber que se habían encontrado. Se mordieron las sílabas que estuvieron a punto de nacer de sus labios, se envenenaron por un bien común, no castigarse mutuamente con un verdadero beso. 

Cerrando los ojos, olvidando lo ocurrido, cada uno tomó el camino hacia casa con un simple "Adiós". Los dos sabían perfectamente que ya era demasiado tarde, pero a la vuelta, fingían consigo mismos que todo andaba sobre ruedas con unas repetitivas ideas : "Todo está bien, sólo somos amigos".

Cuando llegaron a casa, comenzaron a cuestionar lo ocurrido. "¿Para qué sirve morder la manzana si el pecado no se puede disfrutar luego?"

Los días pasaron pero nada volvió a ser igual. Un día, se tensó el hilo rojo, y uno de los móviles sonó. Era el momento de disfrutar del pecado a lo grande, era el momento de cometer un gran error. Esta vez no había escapatoria, los dos amigos tenían que hacer frente a lo que se les avecinaba.

Todo lo viejo que habían conocido hasta ahora, se había presentado de una manera totalmente distinta, en un cuerpo que nunca se habrían imaginado. "¿Tú amigo? ¿Te gustan los chicos? ¡Pero si siempre te han gustado las mujeres! ¡Sólo estás confundido!" Ya se imaginaban los comentarios.

Él se acercó al móvil, era un mensaje suyo. Lo abrió, había un contenido único y simple cargado de dinamita que le aceleró el corazón. "¿Estoy preparado para dar un paso tan importante?", pensaba mientras se agarraba el estómago por culpa de las molestas mariposas. Una frase flotaba en la pantalla:

"¿Puedo hacerte una pregunta?"

Él seguía mirando al objeto atónito, con calma, respiró hondo y se dispuso a contar. Era siempre lo que más le relajaba y en estos momentos lo necesitaba con urgencia.

1...


2.....


3.........


Más tranquilo y con el móvil todavía en sus manos, contestó con un escueto mensaje: .

James Jean, una imagen preciosa 

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