Sin timón ni rumbo.

¡Cuán rota era la ironía qué se derramaba de verso en verso! ¡De ceniza a ceniza!
¿No ves a caso tez grisácea qué la luna ya no te llama?
¡Y tú cantas! ¡Olvidándote del hálito susurrante inacabado!
¿Cuál fue la última vez del anudar de tus jarcias?


Solo el silbar del viento te acompaña en el viaje,
y a la pausa de la tilde ausente reclama el delirio.
¡Pobre inexperto sin timón ni rumbo!
¡Amante de la arena que se desliza entre tus dedos rauda!
¡Confuso moribundo de herida anclada!

La oda tiñosa cae al vacío donde las palabras naufragan,
el tiempo concreto se eleva al recuerdo de la pregunta adulterada.
¡Y tú sigues riendo! ¡Y tú sigues bailando en el agua!
¡A pesar de todo finjes estar vivo a sabiendas de qué ella ya no te ama!

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