Serendipia

Buscaba la verdad oculta que se respiraba en el aire libre. Estaba obsesionada con encontrar la respuesta a la pregunta que siempre me había acompañado, "¿Qué sería de mi monstruo si sólo lo alimentara con su propia existencia? ¿Podría entonces acabar con él por completo?", y de repente, se presentó Serendipia.

Nunca me habían sabido los ácidos tan dulces ni las heridas tan acarameladas. Mi mundo de teorías se desmoronaba mientras la realidad me ofrecía una respuesta a una pregunta que dormitaba en el vacío: "¿Qué sería de mi monstruo si lo acompañara de muchos otros?"

Conocí a un líder que ofrecía seguridad a pesar de ser inseguro, su monstruo se resumía en un pensamiento: "Necesito encontrar a la mujer de mis sueños". 
El destino me presentó a una persona sonriente y también bromista, su monstruo le impedía hablar de sus sentimientos. 
La vida me dio una segunda oportunidad y hablé con la figura ausente que me había acompañado durante largo tiempo, su monstruo todavía es secreto.
 Hablé de tú a tú con mi fiel compañero, lo curioso era que compartíamos monstruos y miedos. Acaricié el rojo de una niña temerosa, su monstruo era no poder ser mujer por completo. 
Sonreí a un corazón bondadoso que parecía no tener temor, le atormentaba un monstruo en una idea: No quería perder a su verdadero amor. 

Gracias a estos monstruos comprendí un poco más al mio propio y fui capaz de enfrentarle durante largo tiempo, pero había algo que todavía no me dejaba avanzar, y es que todavía no le había aceptado. "¿Y si en realidad lo qué me ocurría es qué no había conocido a un número de monstruos suficientes?" Entonces comencé a conocer a más y más gente, pero esto no solucionaba mi mal planteada ecuación. 

Un día como otro cualquiera, cuando Serendipia parecía que no era lo que fue, me señaló unos ojos que rezumaban esperanza. Muda e insegura, no pude evitar acercarme a la luz que desprendían a pesar de mis reiteradas negativas. No os podéis imaginar el hallazgo que encontré después de contestar al "Hola" que me ofreció esa mirada: 

Para aceptar y acabar con mi monstruo tenía que aprender a querer, y esos ojos eran el primer paso para lograrlo.


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