Espejo

Su imagen se veía fracturada, y a cada susurro, esta comenzaba a romperse. Parecía que algo había estado alterando el orden, volviendo al caos en una pesadilla lógica."Si por lo menos pudiera encontrar la pieza del puzzle", pensaba; pero nada, eso era imposible, no era capaz de averiguar la respuesta y esto la convertía en una mera espectadora de su derrumbe.
 

Los trozos de cristal comenzaron a caer hacia el suelo, y estos a su vez, se  rompían en fragmentos más pequeños, algo había que hacer, no podía estar eternamente envuelta en pesadillas. Con las manos frías empezó a encajar los cristales unos con otros, entendiéndolos, comprendiéndolos y amándolos. Era una tarea bastante molesta porque no podía evitar cortarse la piel con los afilados fragmentos, aún así, era lo que había que hacer y lo que en realidad quería. 

El espejo prácticamente estaba montado, sólo quedaba una pieza por colocar, aquella que en su imagen correspondía extrañamente a los ojos. Intentó hablar con ella, se cortó numerosas veces con sus lados, y hasta incluso se intoxicó con el veneno que supuraba de las numerosas rebabas del objeto. Si ese fragmento no quería hablarle, adelante, no podía alterar el caos, ella no, eso dependía de un ente más superior, el propio espejo, su alma. 

Día tras día acariciaba el cristal, día tras días intentaba arreglar lo que ella había roto "Ojalá pudiera comprenderte, de verdad, quiero hacerlo" 

Cansada y sin hallar respuesta, una noche metió a presión el cristal en el hueco que faltaba; lo único que consiguió es que todas las demás piezas se derrumbaran. En un ataque de ira, cogió al cristal que tanto tiempo la había estado dañando y le dijo "¿Qué es lo qué quieres? He hecho todo lo que ha estado en mi mano para arreglarme, para que esto llegara a buen puerto, ¿Qué necesitas?" No hubo respuesta, y agotada, volvió a realizar su trabajo, escuchando, comprendiendo y amando a los cristales que se habían caído, necesitaban volver al espejo, ese era su orden.

Un día, mientras acariciaba el cristal y volvía a cortarse con sus bordes, decidió dar a todo esto otro enfoque "¿Y si en realidad esta pieza es única y necesita que la trate de otro modo?" Dirigiéndose al fragmento le dijo: "Es eso, ¿verdad? Debo encontrar otra forma de mirarlo todo" En ese instante ató el cristal a una cuerda y se la anudó al cuello, cogió el objeto y lo dirigió a sus ojos...

 ... Ahora era capaz de ver más allá que un simple espejo roto.

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