Vino

El viento acaricia sus pasos, las lágrimas describen el sello de su alma, y a tientas, mira hacia el cielo.

Fui espada contra la pared, fui sueño, alegría, he sido deseo inalcanzable y para otros monotonía. He mirado en mi interior con las luces apagadas, he conseguido reírme llorando cascadas. Conseguí quitarme varias vendas, decidiendo a quien amaba. He conjurado palabras que de la rapidez, quemaban. He seguido mapas, me he perdido en caminos, he escrito versos, fui refugio y abrigo. En el frío de la noche he iluminado mis días, en la luz de las mañanas oscurecí parte de mi vida. Soy pregunta, soy respuesta, ante mí leyes impuestas.

El hombre se tambalea, y a duras penas, consigue tumbarse en la esquina de un callejón.

Me ahogo entre cartones, con fiel compañía, el vino me alienta, y a la vez me quita vida. Ahogándome con el veneno, a la serendipia coloco en el horizonte... Mis manos sucias alimentan al rico hombre. Soy lo que siempre han esperado del humano de a pie, soy el pobre invisible que todos fingen no ver. 

Su respiración se vuelve con el paso del tiempo débil, una gota de vino recorre sus labios muriendo en su barbilla. Una moneda cae a su lado, y un hombre con traje espera sus gracias. Sus ojos marrones se fijan en el rico.

Cobre, metal, insignificante oro, ¿de qué me servirían sus sobras? Yo seré el pobre del bolsillo, pero soy el rico del alma: He querido, he sufrido, he aprendido, he vivido. No habré conducido un coche, no habré tenido móvil, no habré disfrutado de la fortuna... Pero con libertad me defino.

Dando un gran sorbo al cartón que porta, coge la moneda y la tira a los pies del hombre trajeado. Se levanta. La lluvia golpea su marcha tambaleante, y con el cuerpo caliente sin apenas poder respirar, deambula en la noche.

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