Invisible batalla

Me gustaría poder plasmar tu vida en un lienzo para encontrar el momento exacto en el que comenzaste a ser una extraña.

Lentamente empiezas a olvidarte de quién eres, simplemente recuerdas pequeñas pinceladas de tonos grises acerca de tu existencia; yo sólo puedo estar a tu lado aferrando tu mano, odiando que poco a poco te vayas. 

Los colores de la tela se deslizan y caen en un gran vacío. Tus ojos se apagan tornándose en nulos matices. Tu voz segura ha pasado a ser un susurro en el aire. Supongo que todavía no he aceptado la enfermedad que te ataca, es probable que nunca sea capaz de afirmar tu dolencia. 

Mientras mi piel de mármol se convierte en barro y va a morir a los pies de los pañuelos que guardo con esmero en ese cajón, intento entender porque precisamente te tocó a ti morir en vida.

Los peores momentos que he vivido hasta ahora son aquellos en los que la lucidez te embriagaba. Ver como tus pupilas se dilataban un sólo segundo cuando eras capaz de comprender el demonio que albergas, fue suficiente para que en el lienzo comenzará a correr el agua.

Te obligo a agarrar el pincel, te acaricio la mano, te señalo la pintura, te hablo muda de la lluvia y de la verde ventana para animarte a pintar tu historia... Pero el pincel se escurre de tus huesudos dedos, la pintura arde en llamas dejando sólo cenizas, mis caricias te asustan y no puedes recordar lo que es la lluvia y el verde de esa ventana. 

Mis manos tiemblan observando la guerra que ocurre dentro de tu alma, y con los ojos fijos me doy cuenta de mi peor temor:  Poco a poco va ganando cada vez más el Alzheimer la invisible batalla. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario