Canto de sirena

Desdichada fue la muerte que me enterró en vida,
la sal me calcinó el alma a través de su saliva.

Agarrando mis fardos el cobre lo vendí al mejor postor,
vos fue mi pérdida y también mi salvación.

Entre el oleaje abrupto y el aire de madera,
nudo las jarcias cumpliendo mi condena.
¡Yo qué fuí hombre libre y escapé hasta del señor!
¡Siento invisibles cadenas de una mirada marrón!

En mi sangre hay agua dulce,
la mar en el ron se hundió,
con la espada limo las rebabas que hay en el corazón.

¡Adelante muchachos!
¡Yo me ocuparé del timón!
¡De prisa, izar las velas!
¡Alejarme de su canto de sirena
 qué de curarme, se encargará el alcohol!


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