La función va a comenzar

En un papel una dirección y en su mente todo era blanco. No recordaba haber llegado hasta ahí, no sabía su nombre, sólo notaba sus mejillas mojadas y un desaliento inmenso. Su última esperanza era aquel papel, pero en realidad, ya estaba todo perdido, había muerto.


Al mirar al suelo reconoció su cuerpo, pequeño y desnudo en aquel callejón dónde había despertado. Evitando cruzarse con su mirada vacía, comenzó a andar hacia la ciudad para poder orientarse y conseguir algo de información sobre la calle que estaba escrita en el papel, aunque claro ella nunca ha oído a un muerto hablar.

Tras salir del callejón se encontró con algo totalmente distinto a lo esperado: su ciudad había cambiado. Ante ella se extendía un laberinto de árboles desnudos y retorcidos que la invitaban a pasear por un sitio no muy agradable. Asustada, mantenía aquel extraño trozo de papel en sus manos intentando decidirse por uno de los varios caminos que la instaban a entrar. Decidió sentarse en aquel suelo quebrado y seco, lleno de una fina arena dura de color pardo que coloreaba la entrada de aquel tétrico laberinto. Tenía ganas de volver, darse la vuelta y sentarse al lado de su cuerpo para cuidar lo único que le quedaba todavía de ser humano, pero ese bosque lúgubre, siniestro, la incitaba a pensar... No quería adentrarse por miedo a lo desconocido pero en cierta parte para ella misma era también una desconocida, por lo que si sentía miedo al bosque debía sentir miedo de su propia o inestable existencia. 

Una ráfaga de aire hizo que el papel volará de sus manos, confundida sin saber que hacer fue tras el, no tenía nada que perder.

Sus pies al correr prácticamente no rozaban el suelo, no sentía su respiración ni tampoco notaba cansancio, parecía que volaba entre aquella espesura grisácea que la envolvía. En un determinado momento las ramas de los árboles eran mucho más gruesas y la era complicado seguir el rumbo de lo único a lo que se podía aferrar. 

En su trayectoria se golpeó con una rama y cayó, o mejor dicho, comenzó a caer hacia la nada. Poco a poco vio como se alejaba aquel bosque que ahora le parecía uno de los lugares más cómodos y confortables que había visitado. La nota con la dirección caía junto a ella hacia el lugar desconocido que la esperaba, o hacía la oscuridad que eternamente podría hacerla caer. A medida que el tiempo pasaba la espesura negra que la envolvía la atrapaba, esta se hacía más densa e iba reteniendo su cuerpo, obligándola a parar para su siguiente destino.

Ante ella apareció una ventana abierta flotando en la oscura nada "Es verdad eso de que Dios cuando cierra una puerta abre una ventana" Se adentró despacio y con cautela en ella, sin saber cómo consiguió traspasarla para llegar a una sala llena de velas. Todas se sujetaban por arte de magia solas, lo único que parecía no ir en contra de las leyes de la naturaleza era el pequeño tablero viejo y usado de ajedrez que descansaba sobre una mesa anclada a ese suelo de madera. 

"Toma asiento por favor" Dijo una voz en su cabeza que no podía distinguir si era de un hombre o de una mujer "La función va a comenzar. Has tardado bastante en llegar ¿No estaban a caso las indicaciones del papel bien escritas. Mis disculpas" Una silla hasta ahora inexistente apareció delante del tablero. Sentía un miedo intenso que le impedía avanzar, aún así con todos sus esfuerzos consiguió sentarse en aquella silla. 

Las velas se apagaron y unos focos se encendieron e iluminaron un escenario que había quedado hasta ahora escondido por la oscuridad que envolvía con anterioridad la sala. Comenzó a sonar un redoble de tambores y las cortinas rojas dónde estaban dibujadas las máscaras de la tragedia y la comedia (máscaras por cierto venecianas), dieron paso a un hombre con una gran chaqueta roja que le llegaba hasta el suelo, y un sombrero de copa negro. En su manos jugaba con una baraja de cartas que ella parecía conocer, pensaba que podía ser el tarot. Tenía un espeso bigote y al sonreír ella se dio cuenta de que sus colmillos estaban más en punta de lo normal.

"Oh querido público, es un placer daros la bienvenida al espectáculo de la vida. Estaba tan cansado de jugarme vuestras almas con el mismo tablero de ajedrez que he decidido divertirme con el teatro. ¡Ay bendito teatro! Me acuerdo de aquel  escritor que tenía un apellido muy peculiar... ¡Zorrilla!" Ante ese apellido ella sonrío "Si, sé que Don Juan Tenorio es uno de tus clásicos favoritos y no precisamente por el apellido del autor, ¿eh pillina? Bueno querida, y sin más preámbulos, que comience el show

El extraño hombre comenzaba a jugar con las cartas, este las iba lanzando en una mesa y según el orden en el que aparecían se encendía o se apagaba una vela de una enorme estantería que formaba parte del escenario. Mientras hacía esta labor recitaba lo siguiente:

"Que bonita es la vida que te engaña y te agrede
que te molesta y te hace sabio cuando mueres.
Que bonito es el dolor que te atormenta cuando agonizas
 que desaparece cuando mis cartas apagan el fuego de tu vela haciéndola trizas.
Qué bonito es el teatro si eres buen actor,
que bonito es el público que en mis garras siempre es un perdedor.
¿Y sabes qué es lo más bonito que morir e ir al cielo?
Ser yo querida Aurora quién te lleve al infierno" 

Aurora, ahora lo recordaba todo. Había muerto después de haberle disparado a un anciano en plena calle cuando no quería pagarle por sus servicios, desnuda ante este hecho corrió hacia un callejón dónde con el dinero robado consiguió algo de droga, se sentía viva y fuerte. Poco tiempo después de inyectarse iba a morir a causa del frío.

"Aurora querida mía debiste hacer caso a tu padre
deberías haber cerrado más tus piernas y abrir más tu mente,
pero vaya, vaya, la niña nos salió rebelde"

"¡No!" Intentó gritar ella con todas sus fuerzas ante lo que estaba ocurriendo. El hombre se quitó la chistera y en su cabeza sostenía una vela, seguramente aquella que pertenecía a Aurora. Moviéndose por el escenario como si esta se fuera a caer, haciendo malabares con su vida, seguía recitando:

"De ti dependió no haber maltratado a tus padres,
de ti dependió no haberte arruinado la existencia,
ahora eres títere del rey de las profundidades de la tierra"

Con una sonrisa burlona cogió la vela entre sus manos, estaba prácticamente consumida:

"Pequeña princesa te deseo suerte en el infierno,
este es el final,
un placer haberte conocido
 cuando cumplas tu castigo en la otra vida nos volveremos a encontrar"

Al recitar la última silaba con su aliento apagó la llama de la vela que sostenía entre sus manos y todo se sumió en un profundo silencio.


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