El cuaderno de las cosas perdidas.

  -¿Qué haces?

La chica seguía tumbada en la cama, entre sus manos sujetaba un pequeño cuaderno desgastado por el tiempo. El cuaderno estaba abierto, no había nada escrito en el. La joven seguía con la mirada perdida entre esas hojas caducas y vacías creando un silencio incómodo, doloroso y pesado entre ella y su hermano. El joven volvió a intentar encontrar la respuesta que buscaba en su hermana, desgraciadamente no obtuvo la respuesta que tanto ansiaba.

A veces el chico sentía que no la llegaba a comprender, era todo un misterio cuando se lo proponía. Se tiraba día y noche encerrada en su cuarto, apenas hablaba, muchas veces tenía la sensación de que era  una muñeca; no reía, no lloraba, no se enfadaba, sólo se limitaba a hacer las tareas que la encomendaban cómo si estas personas la dieran cuerda, en fin, una muñeca. 

Sin decaer los ánimos del joven, este volvió a preguntarla:

  -¿Qué haces?

  -Escribo -le contestó ella.

Por fin había obtenido la respuesta que quería. Contento porque su hermana volvía hacerle caso, decidió entablar una conversación con ella. Se tumbó a su lado como cuando eran pequeños ya que de niños él siempre se intentaba colar en su cama para pasar la noche junto a ella, se sentía protegido durmiendo en su compañía porque su hermana siempre le cuidaba. La verdad es que pensándolo detenidamente él echaba de menos esos días, se sentía un poco solo desde que veía que poco a poco su hermana iba cambiando. En vez de humana, su hermana se estaba convirtiendo en piedra.

  -¿Cómo escribes si no tienes bolígrafo? Sólo estás embobada mirando un folio en blanco, eso no es escribir que yo sepa- dijo el joven más animado tras ser ahora el centro de atención de su hermana.

  -Este es un cuaderno que no necesita ser escrito -dijo ella entre risas.

Sin comprender, el joven se la quedó mirando un tanto alertado, muchas veces pensaba que su hermana estaba loca porque nunca la llegaba a entender del todo. Había veces que se ponía de los nervios cuando ella se ponía tan mística y le decía cosas tan raras.

  -Según tú... ¿Por qué no necesita ser escrito? -preguntó él con cierta paciencia.

  -Porque es un cuaderno de las cosas perdidas.

  -¿De las cosas perdidas? -preguntó.

Ahora si que el joven se sentía totalmente perdido. Ante la cara abrumada de su hermano ella sonrió, y durante un instante, una luz iluminó su rostro. Su hermana parecía estar más alegre, a ella le encantaban las preguntas y sobre todo aquellas de las que no poseía las respuestas. La joven sin decir nada, arrancó una hoja del cuaderno la cual se la tendió a su hermano.

  -Es un cuaderno dónde puedes escribir tus pensamientos sin ser juzgado. Se pierden entre la tinta y el tiempo, para que pueda ocurrir esto, debes escribir sin pensar, sin temer las represalias, no tener miedo a que el bolígrafo sea una extensión de tu mente y de tu alma. Si digo que no es necesario escribir en el es que hay a veces que no merece la pena escribir ciertas cosas en estas hojas... Con el tiempo lo acabarás entendiendo, aunque las cosas que escribes habiten en el olvido, hay cosas que es mejor no recordarlas- dijo ella triunfante.

El joven aceptó el raro regalo que tanto misterio encerraba. No comprendía la frase final que le dijo su hermana, la incongruencia del olvido recordado asolaba su mente de forma repetitiva. Tras ver que la joven volvió a sumirse en su extraña escritura sin bolígrafos o instrumentos con tinta, decidió encerrarse en su cuarto y escribir.
...

Nunca había recordado haber llorado tanto, había escrito sin pensar cómo le había dicho su hermana y por ello ante él se encontraban los pensamientos más profundos que habitaban en la oscuridad de su alma. 

Decidido y cuando se encontró más tranquilo, dobló el papel numerosas veces y lo guardó en uno de los cajones que había en su escritorio.

Aunque sentía un gran dolor en el pecho nunca se había encontrado tan aliviado, las hojas de ese cuaderno parecían tener una especie de energía que le habían calmado por completo y no pudo evitar agradecerle a su hermana que compartiera con él su secreto. 
...

  -¡Hola! ¡Ya estoy en casa! -dijo el joven entre gritos.

Arrastrando los pies fue directo hacia su habitación para dejar la mochila. Parecía que no había nadie en casa, después de tantos años se le hacía raro pensar en los últimos acontecimientos que habían alterado la vida de su familia. Su hermana había encontrado un trabajo y ahora vivía en su propia casa... Cada vez que recuerda  aquella adolescente tímida y callada no puede evitar reírse, ahora estaba tan cambiada, claro que ahora su hermana era bastante más madura, es lógico que esté tan distinta, con el tiempo todo el mundo va cambiando.

Se dirigió al escritorio para dejar de mala manera la chaqueta encima de la silla, su madre le echaría la bronca más tarde, había tiempo para todo. Sus ojos de repente se toparon con una nota plegada numerosas veces en una de las esquinas de la mesa. Curioso abrió el papel y no pudo evitar sorprenderse. Ante él se extendía la carta que le había escrito a su hermana en el papel que le había tendido ella aquel día. La carta hablaba de los problemas que tenía con su compañeros en su clase del primer año de instituto, de su primer amor, de su primer desamor, de su primer beso... de como odiaba la lengua castellana y como echaba de menos a su antigua hermana... 

"Mi antigua hermana", dijo, mientras numerosas imágenes de ella aparecían en su mente con lentitud.

Se sentó al lado de la silla que había cerca del escritorio dónde hace un momento había posado su chaqueta. Su corazón estaba acelerado y a sus pulmones parecía no llegar bien el aire. Tras un largo suspiro y cuando consiguió calmase, sus ojos se deslizaron por la carta hasta el último párrafo dónde había algo que no había escrito él, parecía un mensaje escrito a mano, era la letra de su hermana:

"Las cosas con el tiempo se perdieron y habitaron en el olvido más siempre pueden volver escritas en tinta. Para que vuelva tú yo de aquel día sólo tienes que leer las palabras que él escribió, sólo tienes que leer las palabras que habitan en el olvido, sólo tienes que volver a recordarlas. 

Ese es el motivo por el que hay que escribir en esas hojas caducas, ese es el motivo por el que creé el cuaderno de las cosas perdidas"

El joven por primera vez en toda su vida llegó a entender del todo a su hermana. Sin poder evitarlo dio la vuelta a la hoja del antiguo cuaderno de las cosas perdidas, se sumió así de nuevo en la escritura cómo aquel día tan alejado en el tiempo. Otra vez se convertía la tinta en palabras perdidas de olvidados recuerdos, de grandes historias.

Comentarios

  1. Hola :D
    Acabo de conocer tu blog en La biblioteca de Flashia ^^
    Ya te sigo y me voy pasando.
    Me parece que está genial lo que escribes.
    Besos.

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  2. Vale, me acabo de enamorar de esta historia. Tiene mucha razón...

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  3. Muchísimas gracias por ocmentar y bienvenidas a mi blog :3

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